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CREACIÓN DE UNA ASIGNACIÓN DE EM UTILIZANDO EL IDH: UN MARCO PRÁCTICO DE PANTALLA DE PAÍS

Descubra cómo el Índice de Desarrollo Humano puede servir como una brújula basada en datos para establecer asignaciones a los mercados emergentes.

¿Por qué incorporar el IDH en la asignación de capital a ME?La inversión en mercados emergentes (ME) es un componente cada vez más vital de las carteras globales diversificadas. Sin embargo, evaluar la viabilidad a largo plazo y los riesgos inherentes asociados a los ME puede ser complejo. Si bien indicadores tradicionales como el crecimiento del PIB, las tasas de inflación y los ratios de deuda soberana han servido como puntos de referencia útiles, con frecuencia no logran captar el contexto macrosocial más amplio en el que operan estas economías.Aquí es donde el Índice de Desarrollo Humano (IDH), desarrollado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), surge como un complemento convincente. El IDH es un índice compuesto que mide el rendimiento promedio en tres dimensiones básicas del desarrollo humano: salud (esperanza de vida), educación (años de escolaridad promedio y esperados) y nivel de vida (Ingreso Nacional Bruto per cápita). Al integrar estas dimensiones, el IDH ofrece una evaluación holística del desarrollo de un país, más allá del mero desempeño económico.

El uso del IDH para la asignación de capital a ME desplaza el énfasis estratégico de los indicadores cíclicos a corto plazo al potencial de crecimiento estructural a largo plazo y la calidad institucional. Los países con calificaciones de IDH más altas tienden a exhibir marcos de gobernanza más sólidos, menores niveles de corrupción, mejores sistemas de salud y una fuerza laboral más capacitada, todos ellos fundamentos deseables para entornos de inversión estables. Además, el IDH proporciona una perspectiva prospectiva, lo que lo hace particularmente útil para inversores con perspectivas a largo plazo, como fondos de pensiones y fondos soberanos de inversión.

La incorporación del IDH en la asignación de capital a ME también puede servir como un mecanismo indirecto de control de riesgos. Las puntuaciones de IDH más bajas a menudo se correlacionan con una mayor volatilidad sociopolítica, instituciones legales más débiles y mayores riesgos ESG. Por lo tanto, las estrategias de asignación de capital que aprovechan el IDH pueden optimizar las expectativas de rentabilidad y reducir el riesgo de pérdidas.

Cabe destacar que el IDH no debe utilizarse como una métrica independiente. Más bien, su mayor valor se logra cuando se integra en un marco de selección más amplio que incluye evaluaciones cuantitativas y cualitativas. Cuando se implementa correctamente, el IDH añade una dimensión de análisis de capital social y humano que los indicadores económicos tradicionales suelen pasar por alto.

En resumen, implementar el IDH como parte de la construcción de una cartera de ME puede ayudar a los inversores a:

  • Mejorar los perfiles de rentabilidad ajustados al riesgo
  • Apoyar los objetivos de inversión alineados con los criterios ESG
  • Identificar países con resiliencia para el desarrollo a largo plazo

Comprender la importancia del IDH es el primer paso. El siguiente implica descifrar cómo aplicarlo eficazmente en el proceso de selección y asignación.

Creación de un filtro de países utilizando el IDH

Crear un marco eficaz de filtrado de países de mercados emergentes utilizando el Índice de Desarrollo Humano (IDH) implica varios pasos metódicos destinados a filtrar los mercados de inversión con base en umbrales cuantitativos y consideraciones cualitativas. El objetivo general es identificar un subconjunto de mercados emergentes posicionados para un crecimiento sostenible, menor volatilidad y mayor resiliencia ante las crisis socioeconómicas.

1. Recopilación y estandarización del conjunto de datos
Comience por obtener los datos más recientes del IDH del PNUD. Los datos suelen estar disponibles anualmente y abarcan un amplio universo de economías emergentes y fronterizas. Combine esto con indicadores económicos como el crecimiento del PIB real, la inflación, el saldo fiscal y las cifras de la cuenta corriente para formar un conjunto de datos sólido. Asegúrese de que todos los datos estén normalizados para permitir su visualización en escalas comparables.

2. Umbral del IDH
A continuación, aplique los umbrales del IDH para descartar los países con peor desempeño. Por ejemplo, los inversores pueden optar por centrarse únicamente en países con un IDH superior a 0,65, lo que delimita el nivel de desarrollo "medio". Los mercados emergentes que se sitúan por debajo de este nivel pueden conllevar un riesgo excesivo debido al subdesarrollo sistémico.

3. Clasificación relativa y ponderación
Asigne clasificaciones relativas a los países dentro de su universo de mercados emergentes en función de su puntuación del IDH. Considere ponderar los países no solo por capitalización bursátil o PIB, sino también por percentil del IDH. Por ejemplo, combinar el tamaño económico con la puntuación de desarrollo podría resultar en una exposición más equilibrada y resiliente.

4. Integración Multifactorial
El IDH debe integrarse junto con otras métricas clave, como:

  • Estabilidad macroeconómica (inflación, ratios de deuda)
  • Riesgo político (índices de gobernanza, transparencia regulatoria)
  • Factores ASG (estrés ambiental, cohesión social)
Un filtro eficaz podría utilizar un sistema de puntuación compuesto que asigne ponderaciones a cada indicador. Por ejemplo, el IDH podría constituir el 30% de la ponderación, y los riesgos macroeconómicos, la estabilidad política y los factores ASG constituirían el resto.

5. Reglas de Exclusión e Inclusión
Establezca reglas predefinidas basadas en indicadores de alerta. Los países que experimentan disturbios civiles, hiperinflación o regímenes extremos de control de capital pueden ser excluidos, incluso si cumplen con los estándares del IDH. Por el contrario, las "estrellas emergentes" (países que muestran rápidas mejoras en el IDH) podrían recibir mayor consideración, incluso si su nivel absoluto de IDH es modesto.

6. Backtesting y análisis de sensibilidad
Realice un backtesting de su filtro para comprender el rendimiento histórico de las carteras de inversión formadas mediante un filtrado alineado con el IDH. Analizar la volatilidad, las caídas y los ratios de Sharpe en comparación con los índices de referencia de mercados emergentes puede ayudar a determinar la solidez predictiva de las estrategias influenciadas por el IDH.

Este método de filtrado estructurado proporciona una vía cuantitativa para identificar oportunidades más sostenibles en mercados emergentes. Es importante destacar que también añade transparencia y repetibilidad al proceso de asignación de activos, lo que puede facilitar el cumplimiento normativo y la presentación de informes.

Las acciones ofrecen el potencial de crecimiento a largo plazo e ingresos por dividendos al invertir en empresas que crean valor a lo largo del tiempo, pero también conllevan un riesgo significativo debido a la volatilidad del mercado, los ciclos económicos y los eventos específicos de la empresa; la clave es invertir con una estrategia clara, una diversificación adecuada y solo con capital que no comprometa su estabilidad financiera.

Las acciones ofrecen el potencial de crecimiento a largo plazo e ingresos por dividendos al invertir en empresas que crean valor a lo largo del tiempo, pero también conllevan un riesgo significativo debido a la volatilidad del mercado, los ciclos económicos y los eventos específicos de la empresa; la clave es invertir con una estrategia clara, una diversificación adecuada y solo con capital que no comprometa su estabilidad financiera.

Aplicación del Marco en la Construcción de Carteras

Con un filtro de países basado en el IDH, el paso final es traducir los conocimientos en decisiones de cartera reales. Esto implica no solo seleccionar los mercados en los que invertir, sino también determinar cómo asignar ponderaciones, gestionar los riesgos e integrar estrategias de acuerdo con los objetivos de inversión más amplios.

1. Asignación Estratégica de Activos (AEA)
A nivel estratégico, los países seleccionados según el IDH pueden constituir el núcleo de una asignación a mercados emergentes (ME) dentro de una cartera global multiactivo. Su inclusión prioriza la resiliencia socioeconómica a largo plazo, ofreciendo un nivel de defensa sistémica. Los inversores pueden asignar mayores ponderaciones estructurales a mercados emergentes con un IDH más alto, como Chile, Malasia o Costa Rica, mientras que tratan a los países con un IDH más bajo como exposiciones tácticas, sujetas a controles de riesgo más estrictos.

2. Asignación Táctica de Activos (TAA)
Los ajustes de posición a corto plazo pueden incorporar superposiciones de datos macroeconómicos o indicadores de valoración, pero siguen estando limitados por universos restringidos al IDH. Por ejemplo, si se prevé un aumento de los precios de la energía, los inversores pueden explorar mercados emergentes vinculados a materias primas con puntuaciones IDH suficientes, equilibrando así la oportunidad con la resiliencia estructural.

3. Gobernanza e Integración de ESG
Muchos inversores institucionales, especialmente en Europa y Canadá, se ven sometidos a una creciente presión para integrar los principios ESG en su proceso de inversión. Un marco basado en el IDH se alinea naturalmente con estos objetivos, ya que los componentes del IDH se intersecan claramente con las dimensiones sociales y de gobernanza de los ESG. En concreto, métricas como la educación y la igualdad de ingresos tienen relevancia ESG, y los países con tendencias de mejora del IDH suelen obtener mejores puntuaciones en los índices ESG relacionados.

4. Diversificación de la cartera
La asignación basada en el IDH también favorece una mejor diversificación. Los países con puntuaciones sólidas en el IDH suelen presentar una menor correlación en tiempos de estrés global. Por lo tanto, incluirlos en la combinación puede reducir la exposición beta a mercados emergentes más frágiles y proporcionar características defensivas en las recesiones.

5. Monitoreo y reequilibrio
El IDH y sus componentes deben monitorearse dentro de los ciclos de reequilibrio. Si bien el IDH no varía rápidamente de un año a otro, avances significativos, como reformas sanitarias a gran escala o la expansión educativa, pueden justificar una reponderación. Además, las tendencias del IDH proporcionan señales de alerta temprana sobre cambios sistémicos subyacentes, lo que permite una reasignación de capital prospectiva.

6. Gestión de riesgos
El IDH proporciona una base intuitiva para la evaluación de riesgos a nivel de país. Al evitar mercados con una baja clasificación en el IDH, los inversores pueden eludir los riesgos de cola latentes asociados con la imprevisibilidad de las políticas, el fracaso institucional o el estrés demográfico. En la práctica, las carteras de mercados emergentes más holísticas combinarán la selección de países basada en el IDH con superposiciones temáticas (p. ej., transformación digital, energía verde), factores (p. ej., inclinación hacia la calidad/crecimiento) y enfoques de optimización de la liquidez. El marco del IDH actúa así como un paso fundamental de selección que se integra a la perfección con la teoría moderna de carteras y los modelos de asignación de activos multifactoriales.

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