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CUARTILES EN RENDIMIENTO: CÓMO CLASIFICAN LOS GERENTES Y CÓMO SE ENGAÑAN LOS INVERSORES
Las clasificaciones de rendimiento por cuartiles son puntos de referencia populares, pero conllevan inconvenientes. Aprenda a interpretarlas con prudencia y evite dejarse engañar por las estadísticas de los fondos.
¿Qué son los cuartiles en finanzas?
En el análisis financiero, en particular en el contexto de fondos mutuos o carteras de inversión, los cuartiles se utilizan para clasificar el rendimiento dividiendo un conjunto de datos en cuatro partes iguales. Cada cuartil contiene el 25 % de las entidades clasificadas según una métrica de rendimiento específica, generalmente la rentabilidad total durante un período definido.
Estos cuartiles se expresan como:
- 1.er cuartil: El 25 % con mejor rendimiento
- 2.º cuartil: El siguiente 25 % (clasificado entre el 26 % y el 50 %)
- 3.er cuartil: Por debajo del promedio, pero no el peor (51 %–75 %)
- 4.º cuartil: El 25 % con peor rendimiento
Las clasificaciones por cuartiles se utilizan ampliamente en el marketing de fondos. Para los gestores de fondos, estar en el primer o segundo cuartil aporta credibilidad, mientras que para los inversores, estas clasificaciones ofrecen una comparación rápida entre docenas o cientos de opciones.
Por ejemplo, si un fondo de inversión de renta variable del Reino Unido está clasificado como "1.er cuartil en los últimos 3 años" por Morningstar o una agencia de calificación similar, significa que el fondo ha superado al menos al 75 % de sus homólogos durante ese periodo, según la rentabilidad total u otra métrica de referencia.
Sin embargo, la utilidad de estas clasificaciones depende fundamentalmente de la coherencia de la fuente de datos y la metodología empleada. Las agencias de clasificación de fondos difieren en la forma en que agrupan los fondos (por ejemplo, por categoría o estrategia), el período evaluado, el alcance geográfico y los índices de referencia utilizados para la comparación.
¿Por qué usar cuartiles? Proporcionan un resumen conciso del rendimiento en un amplio conjunto de datos. Una sola cifra puede indicar rápidamente si un fondo tiene un rendimiento excelente o inferior al de su grupo de homólogos. Para los gestores, refuerza la reputación. Para los asesores, agiliza la comunicación con los clientes; y para los inversores, simplifica la toma de decisiones.
Sin embargo, la simplificación puede resultar excesiva. Las clasificaciones por cuartiles ocultan matices como la volatilidad, los cambios en la gestión, la exposición al riesgo o las estructuras de comisiones. Por ejemplo, dos fondos clasificados en el segundo cuartil pueden ser muy diferentes en cuanto a la forma en que obtuvieron sus rentabilidades.
También existe el problema del sesgo de supervivencia. Los fondos muertos o fusionados, a menudo con bajo rendimiento, quedan fuera de las clasificaciones, lo que aumenta artificialmente la aparente tasa de éxito de los fondos supervivientes. Esto puede generar información engañosa sobre los cuartiles que presenta una imagen demasiado optimista del rendimiento de los fondos en todo el sector.
Al interpretar los datos de los cuartiles, es fundamental preguntarse: ¿Qué período se está evaluando? ¿Qué métricas se utilizaron? ¿Cuál es el tamaño de la muestra? ¿Qué índice de referencia o grupo de pares se aplica? ¿Se tiene en cuenta el sesgo de supervivencia? Los inversores deben tener cuidado de no tomar las clasificaciones de cuartiles altos al pie de la letra. En esencia, los cuartiles ofrecen una herramienta valiosa para la comparación de fondos, pero deben utilizarse junto con una diligencia debida más profunda. Comprender cómo se calculan y el contexto en el que se presentan es clave para evitar conclusiones engañosas.
Cómo utilizan los gestores los cuartiles de rendimiento
Los gestores de fondos de inversión y de carteras suelen utilizar las clasificaciones por cuartiles como herramienta de validación: prueba del rendimiento superior o del posicionamiento competitivo de su fondo. Estas clasificaciones cumplen una doble función: sirven como argumento de marketing para atraer activos y como métricas internas para justificar decisiones de inversión o remuneración.
Marketing y relaciones con los inversores
El rendimiento en el primer cuartil, especialmente en el primero, suele anunciarse en fichas técnicas, presentaciones para inversores y folletos. Los gestores de inversiones pueden destacar afirmaciones como "primer cuartil durante 3 años" o "clasificación constante en el segundo cuartil" para demostrar fiabilidad o generación de alfa.
Al utilizar las clasificaciones de Morningstar o Lipper, las empresas se posicionan competitivamente sin necesidad de profundizar en métricas de cartera más complejas. Esta simplificación resulta atractiva para los inversores minoristas, quienes pueden carecer de los recursos o el tiempo necesarios para un análisis detallado.
Los selectores de fondos y los asesores financieros también se basan en datos de cuartiles para preseleccionar fondos. De igual manera, los clientes institucionales suelen exigir historiales que mantengan una clasificación percentil mínima para la inclusión de los gestores en una plataforma o mandato.
Remuneración basada en el rendimiento
Algunas gestoras de inversiones vinculan la remuneración al rendimiento relativo de sus pares. Si un fondo se sitúa constantemente en el cuartil superior durante un período predefinido, los gestores de cartera pueden recibir bonificaciones o incentivos. Esto genera presión para mantener o superar los índices de referencia relativos, para bien o para mal.
Comparación interna
Los cuartiles sirven como herramienta de comparación interna entre diferentes estrategias o estilos. Los equipos de gestión pueden evaluar si los gestores de mercados emergentes operan consistentemente en la mitad superior de su grupo de homólogos en relación con los gestores de renta variable global, para la revisión estratégica o la toma de decisiones de reasignación.
Sin embargo, los incentivos relacionados con los cuartiles pueden ser contraproducentes. Pueden fomentar la asunción excesiva de riesgos (para mantener un rendimiento superior relativo), el cortoplacismo (para mostrar mejoras en la clasificación trimestral) o la indexación discreta (imitando el índice de referencia para evitar la vergüenza del cuarto cuartil).
Los fenómenos de final de trimestre también revelan cómo reaccionan los gestores a las métricas de los cuartiles. Diversos estudios han descubierto comportamientos como el "escaparate", en el que los gestores ajustan las inversiones al final de un período de informe para posicionar las carteras de forma más favorable, a menudo para mantener los umbrales de clasificación.
En los fondos de fondos o las carteras modelo gestionadas, la agregación de los fondos subyacentes en función de sus clasificaciones de cuartiles crea un ciclo de retroalimentación. Los fondos mal clasificados se eliminan no necesariamente por un bajo rendimiento a largo plazo, sino porque ponen en peligro el mensaje general del cuartil, especialmente en las comunicaciones con los clientes. En última instancia, si bien las clasificaciones por cuartiles tienen fines válidos, también crean incentivos que pueden desviar la conducta de los gestores de las estrategias de inversión prudentes a largo plazo. Tanto los inversores como los responsables de cumplimiento normativo deben analizar estos usos y comprender las implicaciones de depender excesivamente de métricas basadas en cuartiles.
Cómo pueden engañar a los inversores
Si bien las clasificaciones por cuartiles pueden ser un punto de partida útil, pueden confundir fácilmente al inversor promedio si se interpretan sin el contexto adecuado. Varios errores críticos ayudan a explicar cómo la confianza en estas clasificaciones puede resultar en decisiones de inversión erróneas.
1. Buscar el rendimiento reciente
Uno de los errores más comunes es seleccionar fondos basándose únicamente en las clasificaciones recientes del primer cuartil. Numerosos estudios sugieren que las altas rentabilidades históricas a menudo no se mantienen. Un fondo que se encuentra en el primer cuartil hoy podría caer al tercer o cuarto cuartil en años posteriores, especialmente cuando el rendimiento se debió a rotaciones macroeconómicas o de mercado puntuales.
Este error se acentúa aún más durante los cambios en el régimen del mercado, como el cambio de estilos de crecimiento a valores de valor o el liderazgo de la renta variable internacional a la nacional. El gestor del primer cuartil en 2022 podría no ser la opción correcta en 2024, dependiendo de la evolución del panorama económico.
2. Ignorar las medidas ajustadas al riesgo
Las clasificaciones por cuartil generalmente se centran en la rentabilidad total absoluta. Sin embargo, la rentabilidad sin el contexto de la volatilidad o las caídas puede ser engañosa. Dos fondos en el mismo cuartil podrían tener ratios de Sharpe, caídas máximas o desviaciones típicas muy diferentes.
Por ejemplo, un fondo de alta rentabilidad pero alta volatilidad puede resultar atractivo debido a su posición en el primer cuartil, pero el camino podría ser demasiado accidentado para un inversor reacio al riesgo. Por el contrario, un fondo del segundo cuartil con rentabilidades uniformes y una protección adecuada contra las caídas podría ser la opción más sensata a largo plazo.
3. Sesgo de supervivencia
Como se mencionó anteriormente, muchas bases de datos de rendimiento excluyen los fondos que cerraron o se fusionaron debido a un bajo rendimiento. Esto eleva artificialmente el rendimiento promedio y puede inflar la proporción aparente de fondos en los cuartiles superiores con una trayectoria consolidada. Los inversores pueden creer erróneamente que más fondos superan consistentemente el rendimiento esperado estadísticamente.
4. Manipulación del período de tiempo
Los gestores pueden presentar clasificaciones por cuartiles en períodos de tiempo cuidadosamente seleccionados. Un período de rendimiento de 3 años puede presentar un fondo en el primer cuartil, pero un período retrospectivo diferente (por ejemplo, 5 o 7 años) podría ubicarlo en la mitad inferior de su grupo de pares. Este enfoque selectivo puede ofrecer una imagen incompleta o demasiado optimista de la calidad del fondo.
5. Definiciones inconsistentes de grupos de pares
Otro aspecto que puede confundir a los inversores es la definición del universo o grupo de pares a partir del cual se miden los cuartiles. Un fondo de renta variable global ESG, comparado con un universo general de renta variable global, puede parecer de bajo rendimiento, mientras que podría ser líder entre sus pares específicos en ESG.
Los inversores deben comprender con qué categoría o conjunto comparativo se clasifica su fondo y si se trata de una comparación justa en función de la estrategia, la geografía, la asignación de activos o el perfil de riesgo.
6. Exceso de énfasis en el rendimiento relativo frente al absoluto
Un fondo puede estar en el primer cuartil y, aun así, ofrecer rentabilidades absolutas negativas durante una recesión. Los inversores que se centran únicamente en la posición del cuartil pueden pasar por alto que incluso el "mejor" fondo en una categoría de bajo rendimiento sigue perdiendo dinero. Por lo tanto, perder menos que sus vecinos no siempre equivale a alcanzar los objetivos de inversión.
7. Mensajes de marketing engañosos
Las gestoras de fondos a veces resaltan el "1.er cuartil a 1 año" en negrita, mientras ocultan las clasificaciones de 3 o 5 años que son menos halagüeñas. Esta selección selectiva puede inducir al inversor menos perspicaz a pensar que el fondo es consistentemente sólido, cuando en realidad puede ser volátil o inconsistente.
Conclusiones para el inversor
Las clasificaciones por cuartil deberían ser una de las muchas herramientas en la toma de decisiones. Son útiles, pero no definitivas. Los inversores también deben considerar:
- Comisiones y gastos
- Métricas de rentabilidad ajustada al riesgo
- Antigüedad y experiencia del gestor
- Consistencia en el proceso y estilo de inversión
- Posiciones y exposiciones de la cartera
Combinar datos cuantitativos de rendimiento con un criterio cualitativo permite tomar decisiones de inversión más sólidas. Al final, evitar depender excesivamente de una única métrica, sin importar cuán claramente segmente el mercado, es clave para una inversión inteligente.
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