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CREACIÓN DE UNA CARTERA DE ACTIVOS PARA TODO TIPO DE CONDICIONES: TIPOS, INFLACIÓN Y ESCENARIOS DE CRÉDITO

Aprenda estrategias clave para construir carteras resilientes a la inflación y las fluctuaciones de las tasas de interés.

Una cartera versátil es una estrategia de inversión diseñada para rendir en diversas condiciones económicas, incluyendo periodos de alta inflación, deflación, aumento de las tasas de interés y volatilidad del mercado crediticio. El concepto, popularizado por el gestor de fondos de cobertura Ray Dalio, busca equilibrar y diversificar el riesgo en lugar de buscar rentabilidades de clases de activos específicas. En la base de este enfoque se encuentra la noción de que los ciclos económicos son impredecibles; por lo tanto, las carteras deben ser resilientes ante todos los posibles escenarios futuros.En esencia, una asignación de activos versátil distribuye el capital entre clases de activos que tienden a comportarse de forma diferente según los factores económicos. Aborda:

  • Fluctuaciones en los tipos de interés: Los bonos gubernamentales a largo plazo suelen tener un buen rendimiento cuando bajan los tipos de interés, mientras que la renta variable y el crédito podrían experimentar dificultades.
  • Choques inflacionarios: Las materias primas y los valores del Tesoro protegidos contra la inflación (TIPS) pueden ayudar a compensar la erosión del poder adquisitivo.
  • Crecimiento frente a recesión: Los activos de riesgo, como la renta variable, tienen un buen rendimiento en periodos expansivos; durante las contracciones, los inversores suelen recurrir a activos refugio como el oro o los bonos de alta calificación.

Esta forma de construir una cartera utiliza la diversificación entre activos con correlación baja o negativa, con el objetivo de reducir las pérdidas y mantener la rentabilidad. En lugar de predecir variables económicas futuras, la estrategia asume que las condiciones del mercado cambiarán de forma inesperada y planifica en consecuencia. Como tal, es una filosofía de inversión disciplinada a largo plazo diseñada para inversores institucionales e individuales que buscan la preservación del capital y un rendimiento constante.

Las tasas de interés y la inflación son dos de las fuerzas macroeconómicas más importantes que impactan las carteras de activos. Ambas variables influyen en los precios, la rentabilidad esperada y las correlaciones entre las clases de activos. Comprender su interacción es crucial para construir una cartera resiliente.Dinámica de las tasas de interésLas tasas de interés, reguladas principalmente por los bancos centrales, afectan los costos de financiamiento, el gasto del consumidor, la rentabilidad corporativa y las valoraciones de los bonos. El aumento de las tasas incrementa los rendimientos de los nuevos valores de renta fija, a la vez que reduce el valor de mercado de los bonos existentes de bajo rendimiento. En cuanto a la renta variable, las tasas más altas suelen comprimir las valoraciones, especialmente en el caso de las acciones de crecimiento cuyos flujos de caja se proyectan a más largo plazo.Por el contrario, cuando las tasas bajan, los bonos se revalorizan y las acciones, especialmente las de sectores sensibles a las tasas de interés, como el sector inmobiliario o los servicios públicos, tienden a repuntar. Sin embargo, un entorno de tipos de interés con límite cero o negativos podría fomentar burbujas de activos o presionar los márgenes bancarios, introduciendo otras formas de riesgo sistémico.

Inflación y rendimiento de los activos

La inflación, el aumento general de los precios, erosiona la rentabilidad real de las inversiones en renta fija, al tiempo que impulsa los ingresos nominales de los sectores que se benefician del poder de fijación de precios. En el contexto de una estrategia para todo tipo de clima, es esencial contar con activos que cubran la inflación. Las materias primas como el petróleo, el oro y los metales industriales han ofrecido tradicionalmente protección durante los repuntes inflacionarios. Las acciones de empresas de recursos naturales o de aquellas con un fuerte poder de fijación de precios también pueden proporcionar una cobertura parcial.

Los bonos indexados a la inflación, como los TIPS, ofrecen capital e intereses indexados a las métricas de inflación, lo que ofrece un método directo para mantener el poder adquisitivo real. Por el contrario, el efectivo, si bien preserva el capital nominal, pierde valor durante una inflación persistente si se mantiene sin una mejora de la rentabilidad.

Implicaciones estratégicas

La construcción de una cartera en un contexto de incertidumbre sobre las tasas y la inflación requiere diversificación en múltiples entornos económicos:

  • Mantener bonos gubernamentales de larga duración para beneficiarse de entornos deflacionarios o de recortes de tasas.
  • Incluir activos de cobertura contra la inflación, como los TIPS y las materias primas, para períodos de subida de precios.
  • Mantener un equilibrio en acciones para participar en mercados impulsados ​​por el crecimiento.
  • Considerar el efectivo o los instrumentos a corto plazo para mantener la liquidez y la opcionalidad.

En última instancia, el objetivo es distribuir el riesgo de forma equitativa, reconociendo que ninguna clase de activo ofrece un buen rendimiento en todos los escenarios. A través de una cuidadosa selección de activos y un reequilibrio dinámico, se pueden compensar los efectos perjudiciales de las subidas de tipos o los shocks inflacionarios y preservar el capital al tiempo que se obtienen fuentes diversificadas de rendimiento.

Las acciones ofrecen el potencial de crecimiento a largo plazo e ingresos por dividendos al invertir en empresas que crean valor a lo largo del tiempo, pero también conllevan un riesgo significativo debido a la volatilidad del mercado, los ciclos económicos y los eventos específicos de la empresa; la clave es invertir con una estrategia clara, una diversificación adecuada y solo con capital que no comprometa su estabilidad financiera.

Las acciones ofrecen el potencial de crecimiento a largo plazo e ingresos por dividendos al invertir en empresas que crean valor a lo largo del tiempo, pero también conllevan un riesgo significativo debido a la volatilidad del mercado, los ciclos económicos y los eventos específicos de la empresa; la clave es invertir con una estrategia clara, una diversificación adecuada y solo con capital que no comprometa su estabilidad financiera.

Los mercados de crédito reflejan la salud de la economía y los balances corporativos. En un diseño de cartera adaptable a cualquier situación, la exposición al crédito —que abarca desde deuda de alto grado hasta bonos corporativos de alto rendimiento— desempeña un papel fundamental, aunque con matices, en la gestión de la rentabilidad y el riesgo. Los activos sensibles al crédito pueden mejorar el rendimiento durante períodos de estabilidad o crecimiento, pero pueden deteriorarse rápidamente durante recesiones o crisis de liquidez.Estructura de los instrumentos de créditoLos instrumentos de crédito son títulos de deuda emitidos por gobiernos, empresas y otras entidades, cuyo principal riesgo reside en la capacidad de pago del prestatario. Los rendimientos generalmente aumentan con el riesgo crediticio, de ahí la mayor rentabilidad de los bonos de grado especulativo (alto rendimiento) en comparación con sus homólogos de grado de inversión. Sin embargo, los diferenciales de crédito se amplían significativamente durante las dificultades económicas, lo que provoca una erosión del capital.Estratégicamente, los bonos de grado de inversión ofrecen mayor estabilidad y una menor correlación con la renta variable. Los bonos de alto rendimiento, si bien son volátiles, pueden ofrecer un potencial de rentabilidad superior durante las expansiones económicas. En un contexto de todo tipo de condiciones, la inclusión del crédito debe calibrarse cuidadosamente para evitar la sobreexposición en períodos propensos a recesiones.

El papel de la diversificación

La verdadera diversificación en los mercados de crédito implica distribuir la exposición entre diferentes emisores, sectores, regiones y calidad crediticia. Más allá de la deuda corporativa, los bonos soberanos de mercados emergentes, los bonos municipales y los valores respaldados por activos ofrecen una mayor diversificación. Además, el uso de gestores activos o vehículos pasivos como los fondos cotizados en bolsa (ETF) permite un posicionamiento táctico basado en las perspectivas macroeconómicas.

Combinar estrategias de crédito con activos no correlacionados, como materias primas, efectivo e instrumentos protegidos contra la inflación, reduce la volatilidad de la cartera. Por ejemplo, durante la crisis financiera de 2008, los bonos de alto rendimiento se desplomaron, mientras que los bonos del Tesoro y el oro tuvieron un buen rendimiento. Una combinación diversificada de activos protege contra las caídas correlacionadas.

Mitigación de riesgos en exposiciones crediticias

Como parte de un marco de cobertura para todo tipo de condiciones, las inversiones crediticias deben dimensionarse en función de las condiciones macroeconómicas prevalecientes, las tendencias crediticias prospectivas y las evaluaciones de riesgo sistémico. Las herramientas para gestionar el riesgo crediticio incluyen:

  • Gestión de la duración: El crédito de menor duración reduce la sensibilidad a las variaciones de los tipos de interés.
  • Cobertura crediticia: Uso de swaps de incumplimiento crediticio (CDS) o ETF de crédito inverso.
  • Reequilibrio dinámico: Ajuste de las ponderaciones en función de los diferenciales, las previsiones de impago o los cambios de sentimiento.

Además, los inversores deben tener en cuenta el riesgo de liquidez: los bonos corporativos no son tan fáciles de negociar como los valores gubernamentales, especialmente durante periodos de tensión en el mercado. Por lo tanto, mantener un colchón de liquidez y utilizar carteras de crédito transparentes y de alta calidad son esenciales para una gestión eficaz del riesgo.En resumen, la exposición al crédito complementa la cartera para todo tipo de clima, mejorando el rendimiento y sirviendo como un activo de crecimiento en entornos estables. Sin embargo, su papel debe evaluarse continuamente junto con otras variables macroeconómicas para preservar la resiliencia general de la cartera.

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