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¿ESTÁN LOS BANCOS RESERVANDO EN EXCESO O DEMASIADO EN EL CICLO CREDITICIO ACTUAL?

Analicemos si los bancos han reservado demasiado (o muy poco) para hacer frente a posibles pérdidas de préstamos en el ciclo crediticio actual.

Comprensión del papel de las reservas para pérdidas crediticias

Las reservas para pérdidas crediticias son colchones cruciales que los bancos mantienen para absorber posibles pérdidas derivadas del impago de préstamos. Estas reservas ayudan a garantizar la estabilidad financiera de los bancos durante las recesiones económicas y las crisis crediticias. Al determinar la cantidad a reservar, los bancos evalúan la calidad de sus carteras de préstamos, las previsiones económicas, el comportamiento de los prestatarios y los marcos regulatorios.

En el contexto del ciclo crediticio actual, tanto los factores macroeconómicos como los microeconómicos influyen en si los bancos tienen reservas excesivas o insuficientes. Estos incluyen las consecuencias de los programas de ayuda relacionados con la pandemia, la evolución de los tipos de interés, la exposición al sector inmobiliario y los cambios en el apalancamiento de las empresas y los hogares. Para comprender si las provisiones para pérdidas crediticias de los bancos son proporcionales, es necesario examinar estos datos junto con las tendencias reales de la rentabilidad crediticia.

Históricamente, las prácticas de constitución de reservas se regían en gran medida por el modelo de pérdidas incurridas: se reservaban provisiones solo cuando las pérdidas eran probables. Esta norma fue sustituida por la norma contable de Pérdida Crediticia Actual Esperada (CECL, por sus siglas en inglés) (NIIF 9 en Europa), que exige a los bancos pronosticar posibles pérdidas durante la vigencia de un préstamo. Este enfoque busca garantizar que los bancos sean proactivos en lugar de reactivos, aunque conlleva nuevas complejidades y errores de previsión, especialmente en entornos crediticios en rápida evolución.Los últimos años han experimentado fluctuaciones sustanciales en los niveles de reservas. Tras las acumulaciones masivas durante las primeras etapas de la pandemia de COVID-19, los bancos liberaron reservas significativas en 2021, ya que el rendimiento de los préstamos superó las expectativas. Sin embargo, con el aumento de la inflación y el aumento de los tipos de interés en 2022 y años posteriores, los bancos comenzaron a aumentar sus reservas de nuevo en previsión de posibles impagos, especialmente en sectores como el inmobiliario comercial y los préstamos al consumo.El dilema entre el optimismo económico y la cautela sigue influyendo en las decisiones sobre reservas. Para inversores, analistas y reguladores, la pregunta sigue siendo si los bancos están anticipando con precisión futuros impagos crediticios o si sus predicciones son excesivamente cautelosas o peligrosamente optimistas. Para responder a esta pregunta es necesario realizar una revisión granular de los balances y de los indicadores macroeconómicos, como se explora en las siguientes secciones.

Señales de que los bancos podrían estar sobrereservando

Varios indicadores sugieren que, en algunos casos, los bancos podrían estar pecando de conservadores al reservar más reservas de las necesarias. Esta postura suele estar influenciada por la cautela macroprudencial, las expectativas regulatorias y el recuerdo residual de la crisis financiera de 2008. A pesar de la relativa estabilidad del rendimiento de los préstamos y las tasas de morosidad, algunas instituciones siguen manteniendo niveles elevados de reservas, especialmente ante la inminente incertidumbre económica.

Uno de los principales argumentos para el sobrereservamiento reside en la solidez del rendimiento de los prestatarios en diversos sectores. A mediados de 2024, muchas carteras de consumo y comerciales han mostrado resiliencia. El ahorro de los hogares, aunque ligeramente disminuido desde los máximos de la pandemia, se mantiene saludable en varias economías. Además, los mercados laborales han seguido impulsando la estabilidad de los ingresos, manteniendo los impagos de préstamos al consumo por debajo de lo previsto en las previsiones. El rendimiento de las tarjetas de crédito también ha sido menos volátil de lo previsto, y los modelos de puntuación de riesgo basados ​​en tecnología financiera han ayudado a identificar menos prestatarios marginales de lo que las evaluaciones tradicionales podrían sugerir. Además, los impagos diferidos que se esperaba que se materializaran tras el fin del apoyo gubernamental en 2021 y 2022 no se han producido en la escala temida. Esta divergencia plantea la posibilidad de que algunas provisiones añadidas en los últimos años hayan sido excesivas en vista de las tendencias crediticias reales. El marco técnico de la CECL o la NIIF 9 también puede contribuir al exceso de reservas. La modelización de escenarios conservadores y los horizontes temporales a largo plazo pueden introducir un margen de maniobra que va más allá de lo que admiten los datos reales actuales. Por ejemplo, aplicar una perspectiva de recesión con una ponderación del 30-40 % en los modelos de caso base puede inflar las necesidades de reservas, especialmente si la economía de referencia no se deteriora en consecuencia. El exceso de reservas tiene implicaciones financieras. El exceso de provisiones reduce las ganancias reportadas y la rentabilidad sobre el capital (ROE), lo que podría afectar la confianza de los inversores y las valoraciones de las acciones. Si bien este conservadurismo genera protección del capital, especialmente bajo el escrutinio regulatorio, también limita las opciones de inversión de capital, como la expansión de los préstamos o el pago de dividendos. En resumen, si bien se mantiene la cautela en el sector bancario, en particular ante la volatilidad de las políticas de los bancos centrales, existen indicios —especialmente observados en los grandes bancos globales bien capitalizados— de que los niveles de reservas podrían ser superiores a los que requiere el riesgo real en esta etapa del ciclo.

Los productos bancarios, como cuentas de ahorro, depósitos a plazo y cuentas vinculadas a inversiones, ofrecen estabilidad, liquidez y rentabilidad predecible en un marco regulado, pero también pueden implicar riesgos como bajos rendimientos reales frente a la inflación, riesgo crediticio y comisiones. La clave está en elegir instituciones con buena reputación, comprender los términos y garantías de cada producto y asignar capital de forma que respalde su estabilidad financiera a largo plazo en lugar de comprometerla.

Los productos bancarios, como cuentas de ahorro, depósitos a plazo y cuentas vinculadas a inversiones, ofrecen estabilidad, liquidez y rentabilidad predecible en un marco regulado, pero también pueden implicar riesgos como bajos rendimientos reales frente a la inflación, riesgo crediticio y comisiones. La clave está en elegir instituciones con buena reputación, comprender los términos y garantías de cada producto y asignar capital de forma que respalde su estabilidad financiera a largo plazo en lugar de comprometerla.

Evidencia que respalda la preocupación por la falta de reservas

Aunque algunos datos sugieren un exceso de reservas, existe una creciente preocupación de que los bancos, de hecho, podrían estar subestimando el estrés crediticio futuro, especialmente en los sectores crediticios más vulnerables. Factores como el elevado apalancamiento corporativo, la inestabilidad geopolítica y las debilidades específicas del sector —sobre todo en el sector inmobiliario comercial (CRE)— podrían exponer a los bancos a pérdidas significativas que aún no se han provisionado en su totalidad.

Un área clave de preocupación son los mercados de financiación estructurada y de bienes raíces comerciales (CRE). En particular, el valor del espacio de oficinas en los centros urbanos se ha desplomado debido a las tendencias de trabajo híbrido, lo que ha generado dificultades para la refinanciación de los propietarios. Muchos préstamos para bienes raíces comerciales con vencimiento en 2024 y 2025 podrían tener dificultades para renovarse, especialmente con los tipos de interés aún elevados. Los analistas advierten que los niveles de reservas existentes en muchos bancos no reflejan plenamente los riesgos a la baja en este sector.

Otra tendencia preocupante reside en los préstamos a las pequeñas y medianas empresas (PYME). Estos prestatarios, a menudo más sensibles a las desaceleraciones económicas y sin acceso a los mercados de capitales, han comenzado a mostrar signos de estrés. A medida que se agotan las reservas de liquidez de la era de la pandemia, la morosidad en este segmento podría aumentar, especialmente si el crecimiento económico se desacelera o si las altas tasas de interés persisten más allá de las directrices de la política monetaria. El crédito al consumo, especialmente entre los prestatarios subprime, también justifica cautela. Si bien las tasas de morosidad agregadas se mantienen manejables, están surgiendo focos de estrés, especialmente en los préstamos personales sin garantía y los préstamos para automóviles. El efecto retardado del endurecimiento de la política monetaria aún podría generar pérdidas crecientes que los modelos actuales podrían no haber anticipado adecuadamente. La transición a CECL/IFRS 9 ha complicado aún más la evaluación de riesgos. El juicio económico general ha reemplazado las métricas retrospectivas, pero el uso de modelos sin una validación sólida del rendimiento a largo plazo puede generar errores en el cálculo de reservas. Además, la tendencia a basarse en supuestos macroeconómicos de base en lugar de escenarios bajistas más agresivos podría resultar en un nivel de provisiones insuficiente si se materializan condiciones adversas.

Además, las presiones competitivas influyen. Para cumplir con las expectativas de beneficios y mantener el crecimiento, algunos bancos pueden mostrarse reacios a aumentar drásticamente las reservas sin un deterioro claro de la calidad de los activos. Esta asunción estratégica de riesgos, si bien es común en los últimos ciclos crediticios, podría impulsar la rentabilidad a corto plazo a costa de la resiliencia a largo plazo.

En última instancia, solo en retrospectiva se podrá comprobar si los bancos están consumiendo reservas insuficientes. Sin embargo, los patrones de acumulación de riesgos en categorías de préstamos vulnerables sugieren que podrían justificarse ajustes proactivos de las provisiones para ciertas instituciones antes de que el estrés crediticio se vuelva sistémico.

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