¿LOS BANCOS SE CONVERTIRÁN EN SERVICIOS PÚBLICOS DE INFRAESTRUCTURA FINANCIERA REGULADOS?
Analice el creciente debate sobre si los bancos se transformarán en servicios públicos.
La cuestión de si los bancos evolucionarán hacia servicios públicos de infraestructura financiera regulada es cada vez más relevante en el complejo panorama financiero actual. Impulsados por los cambios regulatorios, la disrupción tecnológica, las expectativas de los clientes y la preocupación por el riesgo sistémico, los bancos podrían estar al borde de una transformación estructural similar a la que experimentaron los proveedores de energía o telecomunicaciones en décadas pasadas.
Tradicionalmente, los bancos han combinado múltiples funciones: captar depósitos, otorgar préstamos, procesar pagos y gestionar el riesgo. Sin embargo, desde la crisis financiera mundial de 2008, los gobiernos y los reguladores de todo el mundo han reevaluado el papel sistémico que desempeñan los bancos en la economía. Las demandas de convertir a las grandes instituciones financieras en entidades similares a las de servicios públicos buscan garantizar la estabilidad financiera, priorizando al mismo tiempo el acceso equitativo a los servicios financieros esenciales.
Definiendo el Modelo de Utilidad
Una entidad financiera de servicios públicos sería una institución que opera bajo una estricta regulación, prioriza la estabilidad y la fiabilidad sobre la maximización de las ganancias y proporciona servicios bancarios esenciales, como la captación de depósitos y la infraestructura de pagos. Dichas instituciones se gobernarían de forma similar a las empresas de servicios públicos que suministran electricidad o agua, donde el acceso, la calidad del servicio y los controles de precios están estrictamente gestionados por organismos públicos.
Presiones Regulatorias
Tras la Ley Dodd-Frank en Estados Unidos y las regulaciones de Basilea III a nivel mundial, los bancos se han visto sometidos a mayores requisitos de capital y pruebas de estrés diseñadas para reducir la probabilidad de quiebra. Una idea política cada vez más popular es separar la «banca de servicios públicos» (por ejemplo, la captación de depósitos y los pagos) de la «banca de inversión» (por ejemplo, la negociación y suscripción de valores), siguiendo la antigua separación de la Ley Glass-Steagall. Los defensores argumentan que esta segmentación crearía modelos bancarios más seguros, centrados en la atención al cliente y con un menor riesgo sistémico.
Tecnología y fuerzas del mercado
Las fintech y los gigantes tecnológicos también están transformando los servicios financieros al desagregar y especializar funciones que antes estaban monopolizadas por los bancos. Gracias a la innovación en sistemas de pago, registros distribuidos e identidad digital, muchas funciones esenciales de los bancos tradicionales ahora pueden ofrecerse de forma más rápida y económica por parte de actores ágiles y tecnológicos. En respuesta, los reguladores podrían enmarcar las infraestructuras bancarias tradicionales como sistemas críticos para la nación, al igual que las carreteras o la banda ancha, y por lo tanto merecedores de supervisión pública y, quizás, control.
Argumentos a favor
- Estabilidad financiera: Una mayor regulación y supervisión puede prevenir fallos sistémicos.
- Confianza pública: Los consumidores pueden sentirse más seguros al utilizar servicios gestionados como servicios públicos.
- Eficiencia: Una infraestructura centralizada combinada con plataformas de acceso abierto podría mejorar la prestación de servicios.
- Servicios inclusivos: Un modelo de servicios públicos puede impulsar el acceso universal a la banca central para las poblaciones con acceso limitado a servicios bancarios.
Contraargumentos
- Límites a la innovación: Una regulación excesiva puede sofocar la agilidad y la ventaja competitiva.
- Reducción de los incentivos para las ganancias: Convertir los bancos en servicios públicos podría afectar el interés de los inversores.
- Implementación compleja: Reestructurar los bancos globales en modelos de servicios públicos sería un desafío legal y logístico.
Variaciones globales
Algunos países ya reflejan características de servicios públicos en partes de sus sistemas bancarios. Por ejemplo, los sistemas de ahorro postal en Japón e India han funcionado históricamente como servicios públicos. Mientras tanto, las infraestructuras públicas de pago como Pix en Brasil o UPI en India ofrecen modelos de vías financieras reguladas públicamente, complementadas con innovación en servicios privados.
En conclusión, un modelo de servicios públicos para los bancos ya no es una idea marginal. Surge de preocupaciones genuinas en torno al riesgo sistémico, el acceso equitativo y la naturaleza cambiante de la tecnología financiera. Queda por ver si los bancos globales finalmente serán regulados como servicios públicos de infraestructura o si predominarán los modelos híbridos público-privados. Aun así, el debate fundacional continúa influyendo en la formulación de políticas regulatorias e institucionales.
Si los bancos se transformaran en servicios públicos de infraestructura financiera regulada, las instituciones resultantes podrían diferir considerablemente de los actuales conglomerados financieros con fines de lucro. El énfasis pasaría de la maximización de ingresos y la dinámica competitiva a la estabilidad, el acceso y el servicio público. Pero, ¿cómo se estructurarían y operarían estas nuevas entidades?
Gobernanza y Regulación
En el centro de este modelo se encontraría una estricta gobernanza regulatoria. Los bancos de servicios públicos estarían supervisados por comisiones públicas o autoridades financieras encargadas de establecer estándares operativos, obligaciones de servicio, derechos de los clientes y mecanismos de fijación de precios. Sus juntas directivas podrían incluir personas designadas por el gobierno y representantes del interés público para garantizar la transparencia y la rendición de cuentas.
Se requerirían auditorías periódicas y verificaciones de cumplimiento, y su exposición al riesgo se supervisaría de cerca para evitar inversiones especulativas. Es importante destacar que su ámbito de operaciones se limitaría a la infraestructura bancaria esencial, principalmente al procesamiento de pagos, la protección de depósitos, la facilitación del ahorro y, potencialmente, la emisión de productos crediticios básicos con tipos de interés limitados.
Modelos de Ingresos y Fijación de Precios
Las instituciones financieras de servicios públicos obtendrían ingresos no mediante operaciones especulativas, sino mediante modelos de precios basados en costes. De forma similar a cómo los proveedores de electricidad calculan las tarifas en función del mantenimiento y la distribución de la infraestructura, los bancos definirían las tarifas de servicio en función del mantenimiento de las redes digitales, la ciberseguridad, la atención al cliente y el procesamiento de transacciones. Los gobiernos también podrían subvencionar servicios bancarios básicos para grupos demográficos desatendidos, reconociéndolos como bienes públicos.
Tecnología e Interoperabilidad
La tecnología seguiría siendo fundamental para el funcionamiento de un banco de servicios públicos, pero con un énfasis diferente. Mientras que las empresas privadas compiten en la vanguardia tecnológica, los bancos de servicios públicos priorizarían la interoperabilidad, la fiabilidad y la estandarización. Las estructuras de pago en tiempo real, el monitoreo del fraude, los estándares de privacidad de datos y las API de banca abierta respaldarían una infraestructura diseñada para el acceso universal, no para la exclusividad.
Los sistemas nacionales de identidad digital podrían integrarse para simplificar los procesos de incorporación y verificación, brindando a los ciudadanos acceso instantáneo y seguro a los servicios financieros. Las asociaciones público-privadas podrían seguir impulsando los sistemas de liquidación basados en blockchain y las monedas digitales, garantizando la continuidad de la innovación sin sacrificar la supervisión regulatoria.
Oferta de Servicios
La oferta básica de un banco de servicios públicos podría ser similar a la siguiente:
- Cuentas corrientes sin comisiones o de bajo coste
- Pagos nacionales e internacionales en tiempo real
- Acceso a monedas digitales respaldadas por bancos centrales
- Productos básicos de préstamos e hipotecas con tipos de interés limitados
- Programas de educación y alfabetización financiera
Estos servicios se centrarían en la inclusión, la accesibilidad y la confianza, más que en la rentabilidad. Los sectores de la banca comercial podrían seguir existiendo, dominando la gestión patrimonial, la banca de inversión o los servicios de crédito especializados. Sin embargo, operarían sobre la infraestructura fundamental proporcionada por las instituciones de servicios públicos.
Ciberseguridad y Resiliencia de la Infraestructura
Al igual que los servicios públicos en otros sectores, la resiliencia sería una prioridad nacional. Los bancos, como servicios públicos, serían designados como infraestructura nacional crítica, con protecciones multicapa contra ciberamenazas, fraude e interrupciones sistémicas. Los reguladores podrían exigir sistemas redundantes, capacidades de conmutación por error y monitoreo continuo de las operaciones digitales a través de agencias especializadas en ciberseguridad.
Percepción y Confianza Pública
Una ventaja clave de la banca de servicios públicos es el potencial restablecimiento de la confianza pública. Las encuestas posteriores a 2008 indican sistemáticamente desconfianza en los grandes bancos. Un cambio hacia un modelo transparente y con rendición de cuentas al público podría alentar a las poblaciones no bancarizadas a interactuar con el sistema financiero. También podría mitigar los riesgos morales que suelen asociarse con las instituciones "demasiado grandes para quebrar". No obstante, la comunicación estratégica, la participación ciudadana y una articulación clara de los mandatos de los bancos de servicios públicos serían necesarios para garantizar una amplia adopción y confianza en el nuevo marco.
Si bien concebir los bancos como servicios públicos financieros ofrece una hoja de ruta transformadora, pasar del concepto a la implementación requiere políticas deliberadas, una transición gradual e innovación regulatoria. Es improbable que una transformación a gran escala se produzca de la noche a la mañana, pero varios desarrollos actuales sugieren que el cambio ya está en marcha en la práctica, si no en la retórica.
Tendencias emergentes y precedentes
Un número cada vez mayor de países ha comenzado a implementar infraestructuras públicas para las transacciones financieras. Por ejemplo:
- Interfaz Unificada de Pagos (UPI) de la India: una infraestructura de pago pública de acceso abierto que permite transacciones instantáneas entre dos bancos o monederos.
- Pix de Brasil: un sistema de pagos digitales dirigido por el banco central que facilita transferencias en tiempo real sin comisiones para los particulares.
- Iniciativa de Banca Abierta del Reino Unido: obliga a los principales bancos a compartir datos autorizados por los clientes con proveedores externos, lo que mejora la competitividad y, al mismo tiempo, establece un marco universal para el acceso a los servicios.
Estos precedentes apuntan a un modelo en el que la infraestructura pública apoya la innovación en servicios privados, armonizando los beneficios tanto de la universalidad como de la competitividad del mercado.
Reforma Política y Legal
Los marcos legales deberán revisarse para reclasificar a los bancos o a sus componentes como servicios financieros. Esto podría implicar una nueva legislación que defina los servicios públicos, establezca criterios de gobernanza y separe las funciones comerciales de las de servicios públicos. Los bancos centrales, los ministerios de finanzas y las autoridades de competencia deberían coordinarse estrechamente para establecer límites para las operaciones de los servicios públicos y salvaguardar la neutralidad competitiva. Las licencias de banca digital, la regulación de las API, las normas de privacidad de datos y los estatutos de ciberseguridad también deben actualizarse para reflejar las nuevas realidades operativas. Los acuerdos financieros bilaterales y multilaterales pueden incluir cláusulas que reconozcan y protejan los sistemas financieros similares a los de los servicios públicos.
Inversión del sector público
Un paso crucial es la inversión. Los gobiernos deberían financiar infraestructuras modernas, seguras e inclusivas. Esto incluye el alojamiento de centros nacionales de compensación, centros de datos y sistemas de verificación de identidad. La colaboración con el sector privado en el desarrollo de normas y la integridad del sistema podría garantizar la excelencia técnica, preservando al mismo tiempo los mandatos de interés público.
Participación con las partes interesadas
La transición hacia un modelo de utilidad exigirá la participación de todos los grupos de partes interesadas:
- Instituciones financieras: Necesitan orientación sobre las rutas de migración y las competencias operativas.
- Sociedad civil: Debe ser consultada sobre los objetivos de protección e inclusión del consumidor.
- Proveedores de tecnología: Desempeñarán un papel en el desarrollo de infraestructuras seguras e interoperables.
Los foros internacionales, como el G20, el FMI o el Comité de Basilea, pueden contribuir ofreciendo directrices, la recopilación de mejores prácticas y apoyo para el desarrollo de capacidades.
Transición gradual con modelos híbridos
Un resultado probable es un modelo híbrido. Los grandes bancos comerciales podrían mantener roles competitivos en el sector de servicios, al tiempo que utilizan la infraestructura de servicios públicos para liquidaciones, KYC y acuerdos de custodia. Las fintechs y los neobancos podrían conectarse a estos rieles, impulsando la competencia y la innovación sin comprometer la estabilidad de la infraestructura. Además, las monedas digitales podrían emitirse y gestionarse mediante protocolos nativos de servicios públicos, garantizando la integración sistémica y el acceso generalizado.
Voluntad Política y Económica
En última instancia, la transformación de los bancos en servicios financieros regulados depende de la voluntad política y el consenso económico. Con el creciente apoyo público a sistemas bancarios inclusivos, transparentes y seguros, especialmente tras la dislocación económica provocada por la crisis de la COVID-19, los responsables políticos tienen una oportunidad para reimaginar el papel que desempeñan los bancos en la sociedad. Las partes interesadas deben aprovechar este momento de forma proactiva para diseñar instituciones adecuadas para el ecosistema financiero del siglo XXI.
Ya sea mediante transiciones completas o reformas de infraestructura por niveles, el sistema bancario del futuro podría parecerse menos a Wall Street y más a la red eléctrica nacional: un ecosistema resiliente, regulado y accesible, crucial para todos los ciudadanos y empresas.