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¿ESTÁN HOY LOS BANCOS GLOBALES DEMASIADO INTERCONECTADOS COMO PARA REGULARLOS EFICAZMENTE?

¿Están hoy los bancos globales demasiado interconectados como para poder regularlos adecuadamente?

Comprensión de la interconexión en la banca global

En las últimas décadas, la arquitectura de las finanzas globales ha experimentado una transformación drástica. La liberalización de los mercados financieros, la tecnología avanzada y la necesidad de carteras diversificadas han dado lugar a niveles de interconexión sin precedentes entre las instituciones bancarias globales. Este desarrollo ha dado lugar a redes financieras estrechamente vinculadas que abarcan continentes, con una importancia sistémica caracterizada por la exposición mutua entre bancos, infraestructuras compartidas y actividades transfronterizas.

La interconexión global surge principalmente de tres áreas: préstamos transfronterizos, negociación compleja de derivados y tenencias bancarias consolidadas en diferentes jurisdicciones. Por ejemplo, si un banco de Londres está expuesto a obligaciones de bancos de Nueva York y Fráncfort, y esas instituciones posteriormente sufren pérdidas, los efectos pueden repercutir en cascada en todo el sistema financiero. Una perturbación en una región puede traducirse rápidamente en un shock sistémico mayor a nivel mundial.

Este fenómeno quedó claramente ilustrado durante la crisis financiera mundial de 2007-2008. El colapso de Lehman Brothers, una contraparte clave en muchos contratos internacionales de derivados, provocó una congelación repentina de los préstamos y una fuerte caída de la confianza económica mundial. Puso de relieve que, si bien los bancos estaban regulados dentro de sus propias jurisdicciones, la red global de relaciones financieras hacía que las fronteras nacionales fueran irrelevantes en la propagación de las crisis. Los conglomerados financieros que ofrecen servicios de banca universal, como banca de inversión, gestión de activos y servicios minoristas, añaden otra capa de complejidad. Estas empresas suelen operar a través de miles de filiales en múltiples jurisdicciones, lo que dificulta a los reguladores obtener una visión integral del riesgo sistémico. Además, su tamaño e importancia en el mercado han dado lugar al dilema de "demasiado grande para quebrar". Esta interconexión no solo magnifica el riesgo financiero, sino que también complica las estrategias de resolución. Si un gran banco con actividad global fracasa, los reguladores deben coordinarse internacionalmente, a menudo enfrentándose a diferencias en las estructuras jurídicas, los marcos de supervisión y las prioridades de gestión de crisis. A pesar de estos desafíos, se han creado numerosos organismos internacionales para abordar el riesgo financiero global. El Consejo de Estabilidad Financiera (FSB), el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea (BCBS) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) han desempeñado un papel en el establecimiento de estándares internacionales y la promoción de la colaboración entre reguladores. Sin embargo, su aplicación sigue siendo inherentemente nacional, y no existe una autoridad supranacional con control vinculante sobre las instituciones financieras globales. Los esfuerzos para contener la propagación del riesgo mediante colchones de capital, pruebas de estrés y planes de resolución han avanzado significativamente desde la crisis. Sin embargo, la naturaleza intrínseca de la interconexión implica que la eficacia de estas medidas depende no solo del cumplimiento, sino también de la comunicación y coordinación oportunas entre los organismos supervisores globales. Por lo tanto, al considerar si la interconexión ha superado la eficacia regulatoria, se deben sopesar tanto las reformas implementadas como las brechas persistentes. Si bien la banca interconectada ofrece valor en términos de liquidez, acceso e innovación, los riesgos asociados requieren una supervisión vigilante y coordinada que evolucione con la dinámica del mercado.

Desafíos Regulatorios en un Sistema Complejo

La creciente red de interconexiones entre los bancos globales ha planteado sin duda nuevos y complejos desafíos para los reguladores de todo el mundo. A medida que las instituciones financieras expanden sus operaciones transfronterizas, los reguladores se enfrentan a la doble tarea de gestionar la estabilidad nacional y, al mismo tiempo, coordinarse con sus homólogos extranjeros para lograr la resiliencia global. Esta yuxtaposición entre la regulación nacional y la actividad bancaria internacional es un problema central que impide una supervisión consistente.

Uno de los principales desafíos es la fragmentación regulatoria entre jurisdicciones. Si bien organizaciones como el Comité de Basilea establecen estándares internacionales, su aplicación depende de las autoridades locales. En consecuencia, mecanismos regulatorios clave, como los requisitos de capital, los ratios de apalancamiento y la cobertura de liquidez, pueden variar de un país a otro. Esto dificulta la monitorización y la mitigación de los riesgos sistémicos que abarcan múltiples ecosistemas financieros.

Otro problema es la opacidad de los datos. A pesar de las mejoras en la presentación de informes y la divulgación desde la crisis financiera de 2008, persisten importantes puntos ciegos, especialmente en los mercados de derivados extrabursátiles (OTC) y en las entidades de banca paralela. Estas áreas a menudo evaden el estricto escrutinio regulatorio y pueden participar en actividades de transferencia de riesgos que amplifican la vulnerabilidad financiera, como se observó durante la debacle de los swaps de incumplimiento crediticio durante la crisis financiera.

Además, las instituciones financieras de importancia sistémica (SIFI), identificadas por el FSB, requieren una mayor supervisión debido a su tamaño, complejidad e interconexión. Estos bancos se someten a pruebas de estrés y deben mantener un mayor capital; sin embargo, aún existen deficiencias en la forma en que se realiza este monitoreo entre países. Cabe destacar que, en escenarios de crisis, el interés nacional puede eclipsar la cooperación internacional, ya que los gobiernos buscan proteger a las partes interesadas nacionales por encima de la estabilidad transfronteriza.

La tecnología ha añadido otra dimensión al enigma regulatorio. Los algoritmos de comercio automatizado, la transmisión de datos de alta velocidad y las plataformas emergentes de finanzas descentralizadas (DeFi) representan tanto oportunidades como riesgos. Complican los marcos de monitoreo existentes y generan latencia en la respuesta regulatoria. Este desajuste se vuelve particularmente peligroso cuando la turbulencia del mercado se propaga transfronterizamente en tiempo real. El desafío del arbitraje supervisor no puede pasarse por alto. Las instituciones pueden trasladar estratégicamente sus operaciones a regiones con normas menos estrictas para reducir costos, eludiendo así eficazmente regulaciones más estrictas en otros lugares. Esto ha requerido esfuerzos coordinados para cerrar las lagunas regulatorias y evitar una "competencia a la baja" en la supervisión financiera. Aun así, los mecanismos de cumplimiento están inherentemente limitados por la autoridad jurídica nacional. Más allá de los obstáculos técnicos, existen cuestiones de economía política. La regulación coordinada requiere confianza e intercambio de información entre gobiernos soberanos, lo cual puede verse obstaculizado por la geopolítica y las prioridades económicas divergentes. Por ejemplo, los enfoques regulatorios en la UE, EE. UU. y Asia difieren sustancialmente, lo que refleja tradiciones jurídicas y filosofías de mercado distintas. Armonizar estas perspectivas es una lucha constante. Para mejorar la supervisión global, los avances en el análisis de datos en tiempo real, los colegios de supervisores transfronterizos y los marcos de resolución como el estándar de Capacidad Total de Absorción de Pérdidas (TLAC) ofrecen vías para una regulación más eficaz. Sin embargo, estos instrumentos requieren no solo una implementación técnica, sino también una colaboración multilateral sostenida y la confianza entre los reguladores. En conclusión, si bien se han logrado avances sustanciales desde 2008 para fortalecer la supervisión bancaria transfronteriza, diversas barreras —legales, estructurales y políticas— aún obstaculizan la eficacia regulatoria. La complejidad y la velocidad de las finanzas contemporáneas exigen marcos ágiles y niveles sin precedentes de cooperación internacional para prevenir los riesgos que plantean los bancos interconectados.

Los productos bancarios, como cuentas de ahorro, depósitos a plazo y cuentas vinculadas a inversiones, ofrecen estabilidad, liquidez y rentabilidad predecible en un marco regulado, pero también pueden implicar riesgos como bajos rendimientos reales frente a la inflación, riesgo crediticio y comisiones. La clave está en elegir instituciones con buena reputación, comprender los términos y garantías de cada producto y asignar capital de forma que respalde su estabilidad financiera a largo plazo en lugar de comprometerla.

Los productos bancarios, como cuentas de ahorro, depósitos a plazo y cuentas vinculadas a inversiones, ofrecen estabilidad, liquidez y rentabilidad predecible en un marco regulado, pero también pueden implicar riesgos como bajos rendimientos reales frente a la inflación, riesgo crediticio y comisiones. La clave está en elegir instituciones con buena reputación, comprender los términos y garantías de cada producto y asignar capital de forma que respalde su estabilidad financiera a largo plazo en lugar de comprometerla.

Soluciones y el futuro de la supervisión

De cara al futuro, la pregunta de si los bancos globales están demasiado interconectados como para ser regulados se centra menos en la posibilidad y más en la capacidad de acción colectiva. Si bien la naturaleza interconectada de los sistemas financieros es permanente, la evolución de los mecanismos de gobernanza y las innovaciones en tecnología regulatoria (RegTech) prometen una mejor supervisión.

Una iniciativa importante es la mejora continua de los marcos regulatorios globales. El Acuerdo de Basilea III, implementado por fases a nivel internacional, establece requisitos de capital y estándares de liquidez más estrictos. Si bien ninguna arquitectura regulatoria es infalible, Basilea III busca minimizar el impacto de futuras perturbaciones sistémicas. Su énfasis en el capital basado en el riesgo y la supervisión macroprudencial refleja los esfuerzos por construir un sistema financiero más resiliente.

En base a esto, Basilea IV, cuya finalización está prevista para los próximos años, planea reformar el enfoque basado en calificaciones internas y mejorar la comparabilidad entre bancos. Estas mejoras, si bien técnicas, son cruciales para mitigar el riesgo del modelo y garantizar una aplicación coherente en todas las regiones. Ejemplifican el impulso en el desarrollo de políticas a pesar de los impedimentos geopolíticos y estructurales. La tecnología se está convirtiendo en un aliado clave. Las soluciones RegTech que aprovechan la inteligencia artificial y el aprendizaje automático pueden proporcionar mejores evaluaciones de riesgos y un mejor seguimiento del cumplimiento, especialmente para las actividades transnacionales. Por ejemplo, los algoritmos pueden detectar desviaciones en la cobertura de liquidez entre sucursales en diferentes países, ofreciendo una visión granular del riesgo de contagio antes de que se materialice. Las mejoras en los colegios de supervisores (grupos colaborativos que comprenden múltiples reguladores nacionales) han fomentado la coordinación y el intercambio de información. Estos organismos han sido fundamentales durante las simulaciones de crisis y los eventos reales de tensión bancaria, permitiendo a los reguladores actuar de forma más cohesionada a nivel transfronterizo. Las inspecciones conjuntas, las bases de datos compartidas y los sistemas de alerta temprana están acercando a los reguladores a un modelo de respuesta unificado en tiempo real. Sin embargo, las reformas estructurales por sí solas podrían no ser suficientes. Las estructuras de incentivos dentro de los bancos también necesitan una realineación. Las instituciones financieras globales deben integrar una cultura de riesgo y estándares de gobernanza que promuevan la rendición de cuentas. Esto implica no solo mandatos regulatorios de arriba hacia abajo, sino también regímenes de cumplimiento interno, rendición de cuentas de los consejos de administración y prácticas de remuneración vinculadas a la estabilidad a largo plazo. La preparación ante crisis es otro ámbito con margen de crecimiento. Los marcos de resolución transfronteriza deben someterse a pruebas de estrés periódicamente, garantizando que tanto los bancos como los reguladores conozcan los protocolos durante las quiebras. El desarrollo de "testamentos vitales" (planes de recuperación y resolución específicos para cada banco) ha avanzado, en particular bajo la guía del Consejo de Estabilidad Financiera. Sin embargo, su aplicación práctica, especialmente durante dificultades simultáneas en múltiples jurisdicciones, aún no se ha probado en condiciones reales. Además, las herramientas macroprudenciales deben perfeccionarse para prevenir desequilibrios sistémicos. Indicadores como el crecimiento del crédito transfronterizo, las exposiciones interbancarias y la correlación de activos deben formar parte de los sistemas globales de alerta temprana. Las instituciones multilaterales como el FMI pueden desempeñar un papel más importante en la administración de estas herramientas y en la entrega de información útil a los reguladores de todo el mundo. En resumen, si bien la interconexión de los bancos globales sin duda magnifica los riesgos de fallos regulatorios, no imposibilita una supervisión eficaz. Con las instituciones, las tecnologías y la cooperación política adecuadas, es posible superar los riesgos y mantener la estabilidad financiera. El futuro podría no permitir una supervisión aislada; en cambio, es imperativo un régimen regulatorio bien estructurado, cooperativo y tecnológicamente avanzado.

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