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¿LA VALORACIÓN DE EMPRESAS SE ESTÁ VOLVIENDO MÁS ESTANDARIZADA O MÁS SUBJETIVA?

Comprender si la valoración empresarial está avanzando hacia la consistencia o sigue estando impulsada por opiniones de expertos.

Cómo están cambiando las prácticas de valoración con el tiempoLa valoración empresarial, el proceso crucial para estimar el valor de una empresa, sigue siendo un elemento central de las finanzas corporativas, las fusiones y adquisiciones, los informes a los accionistas y la estrategia fiscal. Sin embargo, en una era de creciente análisis de datos y herramientas avanzadas de modelado, muchos profesionales y analistas del mercado siguen debatiendo: ¿se está estandarizando la valoración empresarial o es cada vez más subjetiva? La evolución de la valoración ha experimentado un cambio desde el análisis tradicional de estados financieros hacia enfoques más dinámicos que tienen en cuenta los activos intangibles, las variables de riesgo y las proyecciones a futuro. Las directrices regulatorias y un mejor acceso a los datos de mercado deberían, en teoría, generar una mayor coherencia. Sin embargo, aún existe un amplio margen de interpretación, lo que sugiere que la subjetividad no se ha eliminado, sino que se ha transformado. Históricamente, la valoración se basaba en modelos consolidados como el Flujo de Caja Descontado (DCF), el Análisis de Empresas Comparables (CCA) y las Transacciones Precedentes. Estos enfoques ofrecían principios fundamentales que inversores y analistas podían seguir con una variación relativamente mínima. Sin embargo, a medida que las empresas recurren cada vez más a modelos basados ​​en datos e intensivos en capital intelectual, los parámetros de valoración tradicionales suelen ser insuficientes para captar adecuadamente el valor real.

Esta complejidad también se deriva de la evolución de las fuerzas del mercado. Las empresas tecnológicas con ganancias volátiles pero sólidas previsiones de crecimiento, o las startups con una amplia base de usuarios pero ingresos limitados, requieren un mayor criterio por parte de los expertos en valoración. En este caso, surge la subjetividad a la hora de determinar las tasas de descuento, los supuestos de crecimiento y los comparables, que pueden variar drásticamente según el evaluador.

Además, la creciente globalización introduce variaciones jurisdiccionales en las normas contables y el cumplimiento normativo, lo que agrava la dificultad de lograr una valoración estandarizada transfronteriza. El Consejo Internacional de Normas de Valoración (IVSC), entre otros, ha buscado unificar los principios, pero persisten los desafíos, especialmente al adaptar marcos en sectores con métricas únicas, como el software frente a la fabricación.

En resumen, si bien las tecnologías y los marcos respaldan valoraciones más estructuradas, el criterio humano sigue siendo un componente poderoso, y a menudo necesario. El equilibrio entre el rigor cuantitativo y la experiencia profesional sigue definiendo las prácticas de valoración modernas.

Por qué la estandarización sigue siendo un desafío

A pesar de los importantes avances en las herramientas de modelización financiera y la colaboración regulatoria internacional, la estandarización completa en la valoración empresarial sigue siendo difícil de alcanzar. El problema clave no radica en la falta de esfuerzo, sino en la diversidad inherente de las empresas, los contextos operativos y las expectativas de las partes interesadas.

Para comprender esto, debemos diferenciar entre métodos de valoración y resultados. Si bien metodologías como el flujo de caja descontado (DCF) o los múltiplos de mercado están estandarizadas hasta cierto punto, sus datos de entrada (proyecciones, coste de capital, comparables de mercado) están muy influenciados por supuestos. Por ejemplo, dos analistas pueden aplicar el mismo modelo de DCF, pero obtener valores muy diferentes según su juicio sobre el crecimiento de los ingresos o los riesgos macroeconómicos.

Los organismos normativos, como el IVSC y la Medición del Valor Razonable según la NIIF 13, han trabajado para alinear la terminología de valoración, las clasificaciones del marco y las limitaciones del alcance. Estas directrices aumentan la transparencia y la comparabilidad. Sin embargo, su implementación varía según los mercados, especialmente en las economías emergentes, donde la disponibilidad de datos y la aplicación de las normativas pueden ser limitadas.Otro aspecto que dificulta la estandarización completa es la creciente importancia de los activos intangibles. Estos incluyen el valor de marca, la tecnología propia, los datos de los clientes y el capital intelectual, activos difíciles de cuantificar mediante la lógica de valoración tradicional. La contabilidad convencional a menudo pasa por alto estos factores, lo que genera primas de valoración basadas en suposiciones derivadas de los analistas o en índices de referencia específicos del sector.Además, las motivaciones estratégicas pueden influir sutilmente en los resultados de la valoración. Los compradores pueden justificar precios de compra más altos mediante previsiones agresivas, mientras que los vendedores pueden minimizar los pasivos para mejorar las valoraciones. A pesar de los esfuerzos por anclar las valoraciones con marcos de control y auditorías externas, estos elementos de la elaboración de narrativas subrayan el trasfondo subjetivo del proceso.En contextos legales y fiscales, la variación en la valoración puede dar lugar a disputas. Los tribunales y los organismos reguladores exigen cada vez más una justificación detallada, lo que impulsa al sector a adoptar normas más formales. Sin embargo, esto no erradica la subjetividad; En cambio, la integra en la interpretación de supuestos "razonables", un parámetro que varía según el sector y la geografía.

Por lo tanto, incluso bajo marcos unificados, las valoraciones siguen siendo parcialmente interpretativas. Las herramientas pueden estar estandarizadas, pero las historias que cuentan se ven moldeadas por la selección de datos, los horizontes temporales y la naturaleza única de cada negocio, factores que garantizan que la subjetividad siga desempeñando un papel importante.

Los productos bancarios, como cuentas de ahorro, depósitos a plazo y cuentas vinculadas a inversiones, ofrecen estabilidad, liquidez y rentabilidad predecible en un marco regulado, pero también pueden implicar riesgos como bajos rendimientos reales frente a la inflación, riesgo crediticio y comisiones. La clave está en elegir instituciones con buena reputación, comprender los términos y garantías de cada producto y asignar capital de forma que respalde su estabilidad financiera a largo plazo en lugar de comprometerla.

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El rol de la tecnología y el criterio humanoEl panorama actual de la valoración se ve cada vez más influenciado por la interacción entre la automatización basada en datos y la discreción profesional. Las tecnologías emergentes, como la inteligencia artificial (IA), el aprendizaje automático y el software avanzado de modelado financiero, están transformando la forma en que se realizan las valoraciones. Sin embargo, si bien estas innovaciones ofrecen eficiencia y consistencia, no eliminan por completo la necesidad del criterio humano.Las plataformas basadas en IA ahora pueden extraer vastos datos de mercado en tiempo real, analizar los estados financieros en busca de anomalías y simular diversas trayectorias de crecimiento. Esta capacidad refuerza la objetividad al reducir los errores manuales y el sesgo. Las plataformas de valoración basadas en la nube permiten a los analistas acceder a conjuntos de datos estandarizados, mantener la comparabilidad histórica y automatizar los análisis de sensibilidad, lo que mejora la fiabilidad y el tiempo de respuesta.Dicho esto, la tecnología aún no puede replicar la comprensión intuitiva. El criterio sigue siendo fundamental para interpretar los factores de riesgo, los matices del mercado o las directrices futuras de la dirección de la empresa. Se necesitan evaluadores humanos para refinar los parámetros del modelo que los algoritmos pueden interpretar de forma demasiado rígida. Por ejemplo, un análisis de costes de capital automatizado puede sugerir el uso de un conjunto de empresas comparables basado estrictamente en códigos sectoriales, mientras que un analista experimentado puede excluir ciertas empresas debido a diferencias en los modelos de negocio o la madurez del mercado.Además, la valoración se entrelaza cada vez más con consideraciones ESG (ambientales, sociales y de gobernanza). La evaluación de estos elementos cualitativos implica una valoración subjetiva: estimar el impacto del riesgo reputacional, por ejemplo, o el potencial de fidelización del consumidor impulsada por la sostenibilidad. Estas son áreas donde los modelos cuantitativos actualmente presentan un retraso, lo que subraya la importancia de los marcos de evaluación con enfoque humano.La valoración de empresas privadas también demuestra claramente este equilibrio. En ausencia de cotizaciones de mercado, los analistas dependen de entrevistas cualitativas, pronósticos internos y planificación de escenarios para inferir el valor. Las herramientas pueden respaldar estos esfuerzos, pero dependen de la calidad de la información, controlada nuevamente por la perspectiva del experto.En medio de esta dinámica, proliferan los modelos híbridos, donde la analítica automatizada se integra con los comentarios de los analistas y las perspectivas sectoriales. Este enfoque colaborativo está definiendo el futuro de la valoración. En lugar de aspirar a una estandarización total, la tendencia se orienta, con razón, hacia la transparencia y la trazabilidad de los supuestos, lo que permite un mejor análisis de las aportaciones subjetivas. En resumen, la tecnología impulsa la uniformidad en ciertos aspectos de la valoración, pero la objetividad total sigue siendo una aspiración debido a la complejidad de las variables del mercado. Por lo tanto, la valoración empresarial sigue siendo una combinación de ciencia y arte, lo que subraya su doble identidad: como proceso estandarizado y como técnica subjetiva.
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